La diferencia entre pantallas 16:9 y pantallas 3:2
En los últimos tiempos ha cambiado en algunos modelos para el fomato de pantalla. ¿Por qué esa tendencia, y cuál es mejor en cada caso?
La popularización de los televisores panorámicos con formatos 16:9 y 16:10, acabó haciendo que la tendencia llegara también a los portátiles.

Hay una ventaja interesante en el ámbito de la productividad: con este tipo de formatos se vuelve más natural trabajar con dos ventanas de una aplicación o varias enfrentadas.
También es útil para aplicaciones que se beneficien de esa gran resolución horizontal: si trabajas con grandes tablas de Excel o incluso con programas de edición de vídeo en portátil, estas pantallas son más recomendables.
Aunque no es lo mismo, en cierta forma es casi como trabajar con dos monitores, y de hecho en equipos de sobremesa hemos visto como esa tendencia se ha maximizado con los formatos ultrapanorámicos de los monitores 21:9 e incluso los 32:9, que son espectaculares pero que por razones prácticas no han hecho su aparición en portátiles.
Microsoft inició la tendencia de las pantallas 3:2 con sus Surface Pro 3, las tabletas convertibles que abandonaron el formato panorámico tradicional para ir a una relación de aspecto que recordaba a nuestros antiguos televisores 4:3.
Aunque el formato no es exactamente el mismo, cada vez más fabricantes se han ido apuntando a portátiles y convertibles con pantallas con esa relación de aspecto 3:2.
El objetivo fundamental que cumplen estas pantallas es el de maximizar la información de una sola aplicación: cabe más en el espacio vertical, así que este tipo de pantallas suele ser estupenda para quienes gustan de trabajar con una sola aplicación que lo ocupe todo.
Diversos Chromebooks utilizan este formato, por ejemplo, y lo hacen a sabiendas de que el navegador, pilar fundamental de Chrome OS, gana enteros en esta relación de aspecto porque vemos más información gracias a esa singular diagonal.
Es cierto que los sistemas operativos de escritorio (Windows, macOS) suelen aprovechar bien ese extra de espacio vertical que ofrece el formato 3:2, y si sois de los que usan una sola aplicación a toda pantalla (maximizada) en cada momento, este tipo de relación de aspecto es el más adecuado.
Sin embargo el formato 16:9 (o el 16:10) tiene también muchas ventajas como las citadas: es más natural disfrutar de contenidos multimedia en esas pantallas.
Los equipos con pantallas de alta resolución permiten en Windows cambiar el escalado para poder ajustar esa resolución y que veamos los elementos y tipografías con el tamaño que prefiramos: eso también nos habilita para meter más o menos información en la misma área, lo que a su vez hará que trabajar con dos ventanas enfrentadas no tenga por qué ser un problema en pantallas 3:2.
Aun con esa capacidad de adaptar la resolución a nuestras necesidades, quizás sea buena idea tener en cuenta esa relación de aspecto a la hora de elegir un portátil, algo en lo que desde luego no solemos pensar muy a menudo.